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Gato Pícaro

Mis escritos

Querer

Querer Para Amy, a un año...

El calor es agotador. Busco un poco de agua derramada en el asfalto. No encuentro nada.

Cruzar las calles es realmente peligroso. Casi nunca reflexiono sobre esto, pero una vez que un camión está a punto de atropellarte te vuelves más precavido.

Ahora cambia el clima. Eso siempre sucede en esta ciudad. El viento se enmaraña en todos los cuerpos complicando su avance. El mío no es la excepción. Siento la fuerza de Eolo luchando contra mí, aunque yo siempre gano.

Un par de gotas tintinean sobre mi cabeza. Debo encontrar un lugar dónde cobijarme. Debajo de los arcos, cruzando la plaza, parece que es un buen sitio. A paso veloz llego a mi temporal morada.

Esto se llama suerte. Pollo. Viene dentro de una caja, misma que abro rápidamente. Vieras que encontrar dos piezas enteras de pollo no es nada fácil. Las como rápidamente. El hambre de días me atormentaba.

El día de hoy no me fue tan mal. Tal vez mañana me adopte alguna persona, incluso alguna familia. Quizá me llamen con algún nombre, hace tanto que perdí mi identidad. Necesito un baño y alimentarme diariamente; también dormir en un lugar tranquilo. Deseo sentir el abrazo caluroso de una persona. Quiero saberme querido. Pero, quién va a querer a un pobre y viejo vagabundo.


Gato Pícaro
Imágen tomada de: www.redesescarlata.org/ be/index.php?m=200511

Vida de ladrillos

Vida de ladrillos

Para Amy

Papá se acercó poniéndose en cuclillas y me dijo lo siguiente:
—La vida, Amy, es como una casita formada de ladrillos. Pero quiero que sepas que esos ladrillos no son iguales, cada uno está hecho de diferente materia y con forma distinta. Ahí tienes que hay ladrillos hechos de amor y unión sexual para los cimientos, para que uno nazca.
Interrumpió para darme un vaso de agua acompañado de una aspirina y continuó:
—Otros ladrillos son los que conforman el suelo. Sin ellos no tendrías un apoyo para poder mantenerte de pie aún en momentos tan difíciles como éste. Además, te permiten caminar y desarrollar cada uno de tus sentidos.
Distintos son los que componen las habitaciones. Formados por recuerdos, anécdotas, accidentes. Algunos llevan alegría, inmensa alegría. Aún así los hay también con tanta amargura. Imagina cada uno de los ladrillos. Mientras más grande sea la casa, más ladrillos serán necesarios y eso significa que esa vida tendrá más riqueza en emociones y experiencias, por lo que la casa aumentará su plusvalía.
Yo seguía llorando. Papá sacó su pañuelo para secar mis lágrimas al tiempo que decía:
—Y los más importantes, a mi juicio, los del techo. Esos ladrillos son los que más me gustan. Están hechos con materia estelar. Unos brillan con más intensidad que otros, haciendo del cielo una cobija de colores. A veces crujen por las noches con un ruidito casi imperceptible. Si prestas mucha atención escucharás a cada uno de los ladrillos contándote historias de lejanos lugares del universo.
Cada vez más ladrillos se integran a esa vida... —y al decirlo se entrecortó su habla y sus ojos se llenaron de lágrimas— hasta que tarde o temprano llega el representante de la Dirección de Obras Públicas. Te dice que no tienes permiso de construcción y por lo tanto tendrán que tirar la casa. Tu te haces de palabras con él. Alegas que nadie te dijo que estaba prohibido edificar. Pero a él no le importa si tu casa es grande o pequeña, si estás iniciando la construcción o estás a punto de terminarla; de igual manera dice que no se autoriza levantar en un predio que no es tuyo. Si tienes oportunidad te metes a juicio; pero eso sólo es alargar la agonía porque a todos, inevitablemente, les echan abajo su piso, sus muros y su techo para dar paso a la muerte.
Terminó de hablarme y se levantó para atender a otros dolientes. Había intentado explicármelo de forma sencilla pero ni la muerte de mi madre pudo quitarle a papá los años de idealizar todas las cosas como ingeniero burócrata al servicio del estado.

Gato Pícaro ©DERECHOS RESERVADOS
Martes, 03 de Mayo de 2005.
13:00

Click

Click Para Tita

Mi sonrisa permanente. Mi sin igual forma de estar parado. Tarde soleada. Poca gente concurriendo por las calles. Así es todo desde aquella vez.

Preguntas si me parece bien aquí y yo sólo asiento con mi cabeza. Ordenas que me pare por allá y que sonría. —Más a la derecha, poquito menos; un paso atrás, no inclines tanto la cabeza. Espera, ahí estás bien. No te muevas.— De saber lo que ocurriría no te lo hubiera permitido, pero sonriendo y parado junto a los jardines de Bellas Artes presionas el botoncito de la cámara y al oír click me ausento del mundo, dejo de ser yo para convertirme en fotografía.

© Gato Pícaro 07/02/2005
Derechos Reservados

Imagen tomada de Fotografía en Binario

La tarea del cuento

Algunas veces la inspiración no llega, otras la tarea es tanta que no permite sentarse a pensar. Aquí está la entrega del cuento; que sirva para que sepas que te quiero.

LA TAREA DEL CUENTO

Para Mireya, deseando termine su tarea.

O beata sanitas!

Escribir, ¿para qué? La realidad es que no sé redactar y las ideas no palpitan para comenzar un cuento.

Mi vida ocurre entre anestésicos, antisépticos, barbitúricos, batas blancas, camillas, análisis de laboratorio y un inmenso etcétera de lo que encuentras en un hospital. No comprendo de dónde se le ocurre a la doctora que esto me puede ayudar.

Termino exhausta de largas sesiones con otros médicos y de terribles consultas que se alargan hasta la caída del sol. Apenas da tiempo de convivir con otros de tus compañeros, de simpatizar con algún doctor atractivo y de platicar con las enfermeras sobre aquellas trivialidades del día. Y eso que apenas es mi tercer semestre; nunca supuse que al ingresar aquí las cosas no fueran del todo agradables y menos aún que tuviera que hacer tantos esfuerzos.

Sabrás que la doctora no es la única persona que pide cosas. El día de hoy, por ejemplo, estuve en una habitación donde un personaje con bata blanca exponía el por qué es importante que el paciente siga su tratamiento de principio a fin. No sé que importancia tiene lo anterior, pero el entrar a esa aula y escuchar la charla conlleva a que yo tenga que entregar un resumen de la misma. Así, ¿cómo quieren que me concentre? Además, mañana tengo un examen y, por lo que comentan varios compañeros que ya lo presentaron, no será nada fácil darle gusto a los médicos aplicantes para ser aprobada. Me gustaría que fuera lo único en que tuviera que pensar.

Bueno, iré a escribir mi cuento para entregárselo a la doctora. Ella es buena. Dice que si termino mi ficción y cumplo con las demás tareas tomará en consideración mi avance. Desde la última vez que cumplí con todo, incluyendo dejar de azotarme, me quitó la camisa de fuerza y permite mi visita a otros que, como yo, esperan volver a casa y ver de nueva cuenta a su familia.

Besos para ti y papá.

Mirena

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